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No se puede negar que es un vocablo llamativo. Es una transliteración de la palabra hebrea שבולת (‘espiga’). La palabra shibboleth se utiliza con el sentido de santo y seña o contraseña con que alguien declara su pertenencia a un grupo social u otro. La lengua es, sin duda, un recurso que cumple con este fin, puesto que es símbolo de caracterización de los individuos de una misma clase. Y es ese mismo recurso el que originó la palabra shibboleth.

El Antiguo Testamento narra la historia de la victoria de los habitantes de la zonas montañosas de Galaad sobre la tribu de Efraín. Cuenta que los supervivientes que intentaban cruzar el río Jordán se encontrarían con tropas de galaaditas que les hacían pasar por una prueba para comprobar que no eran traidores. Esta consistía en pronunciar con claridad la susodicha palabra hebrea shibboleth. Por desgracia para ellos, la pronunciación del fonema /sh/ resultó tarea imposible, pues no existía en su dialecto. Y realmente se trataba de una desgracia, ya que esta media lengua significó la muerte de miles de efraimitas.

A lo largo de la historia, se han venido sucediendo acontecimientos similares de usos de shibboleths. Durante las numerosas guerras de independencia hispanoamericanas, por ejemplo, los insurgentes en Colombia desafiaban a los españoles a pronunciar la palabra Francisco. Aquellos que no sesearan eran arrojados al río Magdalena. Otro muy nombrado es el de la Masacre del Perejil, que supuso la erradicación masiva de haitianos residentes en territorio dominicano. Fueron desenmascarados al comprobar la dificultad que para ellos entrañaba pronunciar la palabra perejil. En la Guerra del Paraguay, los brasileños obligaban a aquellos soldados que se tenían por extranjeros a recitar la frase «Cair no poço não posso» (‘caer en el pozo no puedo’). No diferenciar la o abierta de la o cerrada suponía la muerte para el infiltrado. También, en la Guerra de Sucesión Española, se empleó el trabalenguas «Setze jutges d’un jutjat mengen fetge d’un penjat» (‘dieciséis jueces de un juzgado comen hígado de un ahorcado’) como shibboleth para distinguir los catalanes de los españoles; aquí se juega con el empleo de la consonante fricativa postalveolar sonora y de la sorda, que no están presentes en el castellano. Si el acento del sospechoso era castellano, lo fusilaban.

Shibboleth, sin duda una palabra con mucha historia llena de sucesos trágicos; aunque en la actualidad, por suerte, su uso no se restringe exclusivamente a ello. A modo de ejemplo, y para quitarle un poco de hierro a tanta fatalidad, quisiera mostrarles un simpático trabalenguas checo y eslovaco, que bien puede emplearse como shibboleth, cuya característica principal reside en su total ausencia de vocales: Strč prst skrz krk (‘métete el dedo por la garganta’). Su tan engorrosa pronunciación puede escucharse aquí.