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No, no, no es «aborágine». Y, como diría uno de mis profesores, «es macha y no macho».

Esta bonita palabra, «vorágine», viene del latín vorāgo, ‘torbellino, abismo’. De ahí que una de sus acepciones sea ‘remolino que resurge en ciertas aguas’, que fue uno de sus primeros significados.
Por extensión, se relacionó con ‘aglomeración, confusión y desorden de gentes, sucesos o sentimientos’. Como lo es «la aborágine vorágine de las grandes ciudades».