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Resulta curioso cuando tus padres te mencionan una palabra y, sin saber previamente su verdadero significado, continúas con la conversación como si fuese innato el conocimiento de esa palabra; ya conoces el registro lingüístico de tus padres, y eres consciente de lo que te quiere decir en todo momento.

Hoy me ilustró mi padre con la palabra fañoso que, como bien describe la RAE, significa ‘que habla con pronunciación nasal’, en especial al estar enfermo (en Canarias, las Antillas y Venezuela).
Lo curioso fue que, en ese preciso instante, yo inferí que me estaba diagnosticando ‘enrabiado o enrabietado, malhumorado, de mala uva ‘. Hasta que me dio por pensar que quizá no escuché fañoso sino sañoso. Y, efectivamente, también existe la palabreja: ‘que tiene saña‘ (‘furor, enojo ciego’). ¡Esa es la palabra!

El resultado fue, ante todo, fructífero: un «dos por uno» por no haberme percatado de la palabra al cien por cien, hallando dos nuevos términos que irán a parar a mi léxico mental.